Tuesday, March 11, 2008

La arriesgada tarea de ir a la compra…

Bueno hoy voy a dedicar el blog a hablar un poco de mi experiencia en el supermercado, que entre otras cosas a resultado mucho más arriesgada de lo que yo podía haber imaginado…
Pues todo comenzó en el momento en que mi madre me puso la lista de la compra en la mano.
Entre por las puertas del “Masymas” pensando: “Bueno, la lista es corta, así que en 5 minutos listo” incrédula de mí, no contaba con el ser más amenazador que ha existido sobre la tierra después de Jack el destripador, si señores a ellas me refiero, esas terroríficas mujeres que rondan todo supermercado con sus enormes bolsos,  en los que solo dios saben lo que llevan, que son tan, pero taaaaan grandes, que si un día no tienes mochila para irte de campamento puedes recurrir a uno para solucionar tu problema. Sus labios rojo pasión, el pelo cardado, rondando entre los 45 y los 60 años.
Parecen inofensivas pero son capaces de pegarse contigo por conseguir el último bote de alcaparras en oferta…
Y ahí estaba yo, una joven inocente, intentando decidirse entre la tableta de chocolate con lacasitos, o la de milka con galletas, cuando mi vida se puso en peligro.
Pude ver por el rabillo de mi ojo izquierdo como una mujer de características anteriormente citadas me miraba fijamente desde el extremo del pasillo. Aterrorizada, giro la cabeza y veo a la mujer emprendiendo una loca y desesperada carrera hacia el mismo lugar que yo, con los ojos inyectados en sangre, un hilo de baba escurriéndosele por la comisura de los labios y una extraña expresión en su rostro. Simultáneamente, oigo por mi derecha “trocotom, trocotom, trocotom” y en la ultima fracción de segundo logro apartarme del camino de la primera, pero no tuve tanta suerte con el segundo ruido que se aproximaba por mi derecha que me propino un buen barrigazo en la espalda desplazándome un metro al menos de mi posición. Una vez poco sana, y aún menos salva, intento averiguar que es lo que ha sucedido y con un solo vistazo hallo la solución… Las dos mujeres, cual guerreros se debaten por la ultima tableta de chocolate a la taza. La más amenazadora logra atraparla y la otra rabiosa le dirige una mirada llena de furia.
No contenta con esto decido seguir mis compras, con el riesgo que eso supone…
¿Un poco de salchichón por favor?
Nos encontramos en la charcutería, donde, para que se mantenga el orden hay una maquinita de tickets, pero claro, esto no siempre tiene resultado. Apenas me despiste un segundo pensando en mis cosas, y la mujer de los rulos que había llegado tres minutos después se había colado de mí y de aquel tímido hombre de unos 40 años que como yo esperaba la cola. Haciendo uso de todo mi valor le digo: Perdone, creo que no es su turno…
Se gira y me dedica una media sonrisa llena de dientes afilados, la he pillado y cuando creo que amablemente volverá al final de la cola, me dice la muy maruja de mercado:
- No bonita, yo llevo aquí esperando un buen rato…
Y explota su chicle con un asqueroso sonido, y ahí me quedo yo, como una panoli, junto al hombre tímido que creo que se ha hecho pis en los pantalones de domingo…
¿Vamos a la caja?
Dispuesta a salir de allí y con mi compra terminada me dirijo a la caja, que como siempre tiene una cola que llega hasta las estanterías… Pero ya que había una caja fuera de servicio una empleada se dirige abrirla, con su típico mensaje por megafonía de “Pasen por aquí gracias” pero de algo me a servido ver en acción a las demás mujeres-fieras. Corro como un galgo para llegar la primera y cuando lo consigo, no doy crédito, pero no todo iba a ser tan fácil, de repente siento un brutal codazo en el estomago, y sí, es una de ellas que se acaba de colar delante mío con sus dos churrumbeles, de los cuales el mayor para colmo me saca la lengua.
Cuando ya estoy hartísima y me dispongo a pagar, me llega un horrible olor a fabada podrida que me produce nauseas… Y una de dos o ha sido al cajera (imposible porque parece estar a punto de vomitar debido al olor) o algún alimento está descompuesto. Me doy la vuelta en busca de la solución y veo a una rolliza señora de 60 años aproximadamente con cara de “yo no he sido” con fallidos intentos de disimular. ¡Un poquito de por favor! Luego dirán
que los jovenes no tenemos educación, toma ya…

Me marcho del “Masymas” asqueada, pero con la sensación de haber vivido una nueva experiencia que me servirá en el futuro. La foto representa el complejo de conejillo indefenso que sentí entre ellas.

 

P.d: Por supuesto que hay mujeres muy educadas, no quiero dar a entender con este post que son todas unas salvajes ni mucho menos, pero es que hay cada una…

 

Posted by JuLieT in 00:31:25 | Permalink | Comments (4)